lunes, 30 de julio de 2012

Qué se yo






Entre el final y la mañana

Los restos y el comienzo

La verdad y la certeza



Es mejor la insistencia que la indiferencia

Y que entre un torrente de palabras irrelevantes

Que se vuelan al suelo

Cuando saltamos sin tiempo



Y lo demás no lo sé


lunes, 23 de julio de 2012

lindas




Nos preparaban para ser buenas en eso. Nos vestíamos para la ocasión con colores vivos, alegres, bailarines. Y antes de que llegaran dábamos varias vueltas en la pista, para no arriesgar nuestra vida ante la humillación que podría llegar ser no ser perfectas.
Yo lograba hacer equilibrio en un pie y mis brazos podían extenderse casi por fuera de mi cuerpo. Generalmente estaba peinada igual que los días anteriores, había aprendido a respirar, a callar, a consentir.
De todas las vueltas posibles, yo siempre daba alguna al revés en algún momento que no lograba transcender. Por suerte. Mi vestido era naranja y tenía estampado en la panza una flor esteriotipada primaveral que cualquiera con ojos cerrados puede dibujar con los pies. Usaba vincha de tela y ninguna pulsera. 
La llegada tenía que ser, indefectiblemente, una competencia. Cómo saber si íbamos a poder bailar?! O por lo menos hacer equilibrio sin forzar las flores, los naranjas, las vueltas, las piernas.
Cuando fue, fue durante la mañana, la tarde y la noche.
Al terminar un giro para un lado que no recuerdo, habiéndolo visto antes sin haberlo visto lo ví ya listo. Me extendí hacia todos lados como si el ensayo nunca me hubiese dolido.
Nunca más pude recordar todos los pasos aprendidos. Mi vestido, de pronto, era de otro color. Las flores habían desaparecido. Por suerte.

martes, 17 de julio de 2012

(Te canto más de lo que te escucho...)




(...)
Te canto más de lo que te escucho
y por eso te conozco más de lo que te entiendo


Tu historia o un poquito

Tus errores o todos

Tus amores o algunos

Tus dueños o el resto

Te escucho más de lo que te cuestiono
por eso te admiro más de lo que te defiendo

tus pantalones y tus piernas
tu corazón y tu sangre
tu mente y tu justicia
tu trabajo y tu sueño
 
 
tus obligaciones y tus sueños
 
 
tus palabras y tu boca

tus besos y tu risa
tu risa y tus besos
 (...)





Tiré y tiré. La cicatriz siempre es el mismo lugar. Me gusta este dolor. En verdad no me gusta el dolor. No sé qué es lo que quiero arrancar de mi. El amor se me nota, se me cae y desparrama toda mi sangre por toda mi vida. Nunca nada va a ser más grande que él, que mi amor y que él. Somos de algún mundo paralelo, me parece. O de algún mundo que no existe. A veces quiero pensar que todo es mentira, que esto es un borrador que me entretenga y decidir cuándo atravesar la cicatriz, que sólo sea una puerta disfrazada de dolor y que del otro lado de la piel, del otro lado del puente, del otro lado del mundo esté él con un beso, sólo con un beso. Todo lo demás ya lo vamos a haber vivido.

sábado, 3 de marzo de 2012

(Me basta imaginar...)

Me basta imaginar


Para inquietarme y pensar cómo serás


Si más o menos o como nunca te creíste


No vas a mirarme pero yo me tengo que mirar





Te deposité un sueño y lo hice tu carga


Todo ya era tuyo, mis días con vos y todos los anteriores


que nunca te correspondieron


Y no tuve tiempo de explicarte a dónde íbamos

Y cuando te pedí ayuda ya no quisiste saber de mi camino





Y seguimos ahogándonos cada vez, cada vez


Alguna vez al levantarte me vas a peguntar porqué sigo allí.





Quería invitarte una cerveza,


A la luna, a la cama, a la vida


Y a cambio que tritutaras mis planetas, mi vicio, mi destino



No tendrías que conocer más de lo que te muestro


Ni creer la mayoría de todo lo que te digo.





No sé hablarte a la luz de la luna


Dejame en silencio.


sábado, 21 de enero de 2012

MAGMA


Es el tiempo que no pasa
Y pasa la vida
Ola que arrasa y uno no es uno, ni dos
Ni nada de lo que puede ser

A veces el aire la encuentra esbelta
Y puede bucear, abrir los ojos y dejarse peinar por esa fuerza
Que siempre quiso
Basta el instante en que tomo aire para entregarme a esas olas
Basta eso para sentir que se me acalambra el alma y logro pegarle al mar
Aunque me oxide, aunque me pudra
Te busco en el aire cómplice silencioso
Aunque esté por ser agua
Aunque esté a punto de volar
Aunque este a punto de volver

A veces sin querer todo queda en pausa
Todos se detuvieron y no me ven
Exhausta, quebrada, hundida
El mar que amo ni siquiera puede darme frío
Me acerco con todo lo que puedo
Soy tan invisible que puedo arruinarte la vida
Entonces me hiero para volver a la arena
Sonido ahogado.
Tu corazón se rompe también
La gente camina.

A veces queriendo
Doy vueltas con los ojos cerrados
Estando segura que estás haciendo lo mismo
Nuestros duelos verbales hacen pausas en el no tiempo del resto
Y logramos vértigo, histeria, un pentagrama, un dominó
Es peor ser infinitos que eternos

En la inoperancia de tales sentimientos repentinos
la orilla del riesgo es el lugar preferido
o recurrente, o barato, o esperanza, o costumbre, o duda, o vida

Sombra que huelo
Que al bailar, espío, y me sigue, aunque en cámara lenta
que me sigue
que al esconderse para tomar aire ya no veo
y el siguiente desamparo, aunque mi música sigue
nunca hay consignas, pero los renglones son demasiados
es peor ser infinito que todo lo demás

Sombra que oigo
Que no es
Porque al hablarme me atrapa, me arrastra
No soy yo, ni el mar, ni el frío
Puedo vivir o entretener al tiempo
Puedo vivir y entretener al tiempo
Es prematuro querer con los ojos cerrados

Desorden e inestabilidad
O tomar aire y disfrutar el mar

Y tantas, tantas cosas más

Yo soy la que le pongo pausa al mundo
Porque venís de algún lado y me atrapás primero
Sabía que no eras una sombra. Lo sabía.

lunes, 16 de enero de 2012

Día de playa lejos del mar (basado en una historia de un día real)



Fuimos a tomar sol a las 6 de la tarde al igual que los jubilados y los bebés y las parejas que van a caminar con shortcitos, buzo y ojotas en la mano. El sol de los días en que yo no estaba lo habían dejado rojo, inmóvil y fastidiosamente charlatán.
Cuando llegué a su departamento acomodé mis cosas, que eran pocas. Dos remeras, pañuelitos muchos, pastillas para la alergia, ibupirac para la espalda, un buzo, dos bombachas, el cargador del celu, tres lapiceras y una libretita. Después de acomodar todo esto –que me llevó casi un minuto- fui corriendo a saludarlo. Estaba rojo, inmóvil y fastidioso y se sonrío al verme. Le tuve que dar un beso finito en la frente, me senté a su lado y al mirarlo profundamente a los ojos largué una carcajada tan poderosa que mi cuerpo se tiró para atrás y tuve que agarrarme la panza para que no se me desparrame la risa. Él se reía con la boca y trataba de seguirme con los ojos, pero si se movía “le tiraba la piel”. Sus humildes y limitados “ji ji ji” me dieron tanta pena que le di un beso un poco más grueso bastante debajo de la frente. Le pregunté cómo estaba y me puse a hablar en serio. Me dijo que el sol está cada vez más zarpado, que había jugado a la pelota, que se había metido al mar, que había comido rabas y todas esas porquerías de mar que no conozco los nombres, que había tocado la guitarra en la playa y que había hecho el esfuerzo de levantarse para esperarme sentado y acostumbrarse a que la piel le tire desde esa posición. Había pasado una mala noche insolado tirándose agua fría en la espalda y en los hombros. Le ofrecí cantarle para que se duerma, pero me dijo que no se iba a dormir ahora que yo había llegado, entonces le dije “ah, bueno, entonces vamos a la playa?”. Me miró de reojo sin girar el cuello, nos reímos, dijo “aayy” y se acostó. Mientras él dormía, preparé el almuerzo. Prendí la tele, y me quedé viendo Mammá Mía. Abrí la Coca Light que al haberla encontrado cerrada en la heladera significaba que él me quería y me esperaba y me senté a verla con el volumen bajo para no despertar el sueño que lo había atrapado dejándolo casi muerto pero sin fastidio.
  Mis pies estaban descalzos arriba de una mesita, silencio, sólo un poquito de Abba, yo estaba en silencio, de vez en cuando se escuchaban algunas voces, ruido a metal de reposeras, baúles cerrándose y después de vuelta silencio. Él, con la piel color salsa golf, los ojos cansados y durmiendo, me provocaba una inconmensurable ternura que a veces, depende como me mire o cuán salvajes sean sus palabras, se transforma en excitación y otras, cerveza de por medio puede ser una amistad tan genuina que logra disipar mis delirantes convicciones.
 Pasó Dancing Queen, Voulez-Vous, y cuando miraba emocionada Slipping through mi fingers él giró la cabeza y me dio la mano. No lo miré. Al saber que ya estaba despierto pude cantar en voz alta. Cuando terminó la canción nos miramos con ternura. Empezó The winner takes it all. Me dijo “dale, cantá”. Le dije que no, que esta canción no me gusta. Me dijo que soy muy mentirosa y me apretó la mano para que me duela. Los últimos versos de la canción son a los gritos así que me hice la Meryl Streep e hice mi performance. La peli quedó de fondo y serví la comida.